La mente miente: cómo transformar resistencia en acción.
- Cris Sira
- 29 nov 2025
- 3 Min. de lectura
A veces, cumplir un objetivo no depende solo de fuerza de voluntad, sino de la conversación interna que mantenemos con nosotros mismos. Y esa conversación puede cambiar de forma según el día: hay días en que nos anima, y otros en los que nos sabotea, nos confunde o nos empuja a rendirnos antes de empezar.
Hoy me pasó algo curioso, algo que al principio parecía insignificante, pero terminó siendo una lección enorme. Quería estudiar. De verdad quería. Me encanta aprender, me apasiona descubrir cosas nuevas… pero me cuesta muchísimo sentarme, estar quieta, encerrada entre cuatro paredes. Mi cuerpo pide aire, movimiento, naturaleza. Y aunque tenía la intención, mi mente empezó a jugarme sus trucos.
Lo intenté en casa, pero ahí todo es distracción, todo es ansiedad. Cuando estoy allí, mi mente empieza con su discurso: “Esto es demasiado. Mejor otra cosa. Mejor después.” Así que probé ir a la biblioteca… y tampoco funcionó. Me encontré luchando contra esa voz interna que decía: “¿Para qué estudiar historia de la psicología? Eso no sirve, mejor hacer algo práctico, algo útil y no tanta historia”
Y ahí entendí algo: no era falta de interés. Era resistencia. Era mi mente intentando evitar la incomodidad, protegerse del esfuerzo, de lo desconocido.
Fue entonces cuando decidí cambiar el escenario. Me fui con el coche frente al mar. Bajé los asientos, abrí las ventanas, dejé que la brisa entrara, encendí una vela, hice ese pequeño espacio mío, un refugio, un laboratorio, una cabaña improvisada con ruedas.
Y pasó lo inesperado: estudié. No solo estudié… entré en el contenido con curiosidad, calma y presencia. De vez en cuando me daba un paseo, tomaba aire, incluso un baño. Y todo eso (el mar, el movimiento, el espacio, la libertad) no me distrajo: me reguló.
Fue desde ahí, leyendo sobre el psicoanálisis, cuando me di cuenta de lo que me estaba enseñando todo esto: la historia no es solo fechas y nombres. La historia es perspectiva, es entender cómo llegamos hasta aquí, por qué pensamos como pensamos, cómo se construye una idea, cómo cambia una sociedad. La historiografía (la mirada, el contexto, quién cuenta y cómo lo hace) importa tanto como el hecho en sí.
Y entonces entendí algo aún más personal: mis pensamientos tampoco son la verdad absoluta.También tienen contexto, historia, filtros, miedo, tono. Mi mente a veces me engaña, no porque sea enemiga, sino porque está diseñada para evitar esfuerzo, cambio o incertidumbre.
Ese día aprendí que no siempre se trata de forzarme. A veces se trata de acompañarme, de ayudar a mi mente cambiando mi postura, mi ambiente, mi respiración. Muchas veces se trata de que mi cuerpo se encargue de decirle a mi mente que estoy a salvo, que puedo avanzar, que puedo sostener el proceso.
No es solo disciplina mental. Es un equilibrio entre cuerpo, mente y algo más profundo: esa intuición interna que sabe lo que quiero construir, aunque a veces la mente proteste.
Hoy confirmé algo:
No siempre necesito cambiar de objetivo. A veces solo necesito cambiar de escenario, de enfoque o de narrativa. Y cuando ese ajuste sucede, la motivación aparece. No antes de empezar, sino DURANTE.
Hoy, estudiando frente al mar, no solo aprendí historia. Aprendí la mía, y descubrí que avanzar, aunque sea a mi manera, ya es ganar.